El juez
El mosquito vino para picarme, estoy seguro. Primero dio varias vueltas de reconocimiento sobre mi cabeza, relamiéndose y sin quitarle ojo al lustre de mi calva. El lugar ideal para un discreto aterrizaje y una posterior y placentera succión, deduje achinando los ojos. Lo oí zumbar y me quedé quieto, y aunque soy diestro, aproveché que tenía el martillo en la mano, y calculé lo mejor que pude. — Muere, asquerosa – dije golpeando con todas mis ganas. El martillo la reventó, salpicando de tripitas y de sangre mi mesa. Y entonces con mi martillo en alto por si había más, fui a firmar la declaración del último testigo del juicio pero no pude.


Zabaldu
del.icio.us